XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

"Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene" (Mt 25, 14-15.19-21)

DIOS NOS JUZGARÁ A CADA UNO SEGÚN NUESTRA CAPACIDAD

Por Gabriel González del Estal

1. Los dejó encargados de sus bienes; a cada cual según su capacidad. La parábola de los talentos es bastante clara y fácil de entender; lo importante es que cada uno de nosotros sepamos aplicarla a nuestra propia vida. Todos hemos nacido con unas cualidades y unas capacidades determinadas, después la vida nos ha dado a cada uno unas posibilidades distintas para realizar nuestras cualidades y nuestras capacidades. El Señor nos va a juzgar a cada uno según nuestras obras, pero teniendo siempre en cuenta nuestra capacidad real, las posibilidades reales que hemos tenido para hacer unas cosas u otras. Lo que no quiere el Señor es que seamos negligentes y holgazanes, como el siervo que recibió un solo talento, y que renunciemos, por cobardía o por miedo, a poner nuestras cualidades y capacidades al servicio del evangelio. Los talentos que tenemos son regalo de Dios, y Dios quiere que cada uno de nosotros pongamos a trabajar con dedicación y esfuerzo los talentos que Dios nos ha dado a cada uno. Si podemos llegar al diez, trabajemos para conseguir el diez y si sólo podemos llegar al cinco trabajemos para llegar al cinco, pero nunca renunciemos a dar todo lo que realmente podemos dar. Somos empleados de Dios, trabajemos para Dios, es decir, intentemos con todas nuestras fuerzas que el reino de Dios pueda realizarse en el mundo en el que Dios nos ha puesto a cada uno. Cada uno según nuestra capacidad.

2. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Esta frase del evangelio, según san Mateo, puede resultar insultante e injusta si no la entendemos en el contexto en el que está dicha. Se refiere a los siervos que sí trabajaron y al que no trabajó con los talentos que el Señor le había dado a cada uno; los que trabajaron recibieron más, en cambio el que no trabajó perdió lo poco que tenía. Es decir, que, como decíamos al principio, a cada uno se le juzgará según el trabajo y el esfuerzo que haya puesto en la gestión y el desempeño de sus cualidades y capacidades. Dios no quiere empleados inútiles y holgazanes; quiere que cada uno haga lo que pueda; ni más, ni menos. Por otra parte, esto es algo tan real, que podemos observarlo en nuestro mundo todos los días. Por tanto, no juzguemos nosotros a nadie injustamente, juzguemos el trabajo de cada uno según su capacidad.


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